Un centro de salud con “espaldas anchas”



CENTRO DE SALUD SAN DAMIAN


Por Marcelo Cogan

El Centro de Salud San Damián queda en la calle Ojeda 2379 del barrio de San Damián, a pocas cuadras de la zona céntrica de Morris. Allí se presta atención, en un ámbito correcto, en varias especialidades médicas: Pediatría, Traumatología, Cardiología, Clínica Médica, Ginecología, Oftalmología, Odontología, Psicología, Dermatología, Kinesiología, Podología, Ecografía y Radiología, entre otras. La Opinión de Hurlingham habló con la Hermana Isabel García, quien nació en la Provincia de Burgos, España, y que colabora en San Damián desde hace seis años. Pero este Centro de Salud lleva ya más de quince años de actividad: antes estaba en la Capilla San Damián y San Cosme. Este lugar, podría decirse, es el corazón del barrio, al cual los vecinos recurren a pedir todo tipo de ayuda, sea espiritual o material.
De acuerdo con los dichos de nuestra entrevistada, veremos que allí se está pidiendo colaboración, tanto de parte de las autoridades como de los mismos vecinos. Sobre este punto la Hermana Isabel nos decía: “Aquí el trabajo diario, si se lo mira un poco espiritualmente y como misión, es bueno, bonito; si lo mira humanamente es cansador, son muchas horas, la gente es muy necesitada, pide, está acostumbrada a que le den pero no a colaborar mucho. Ahora mismo estamos buscando personas para trabajar acá y no hemos tenido suerte, buscamos un auxiliar de enfermería y de limpieza para trabajar por horas, pero es muy difícil: quien viene hoy ya mañana no viene, pasado mañana tampoco, la gente es algo informal…”.
Más tarde, la Hermana Isabel se explayó: “Con los pacientes que acuden acá debemos hacer un trabajo muy individual, porque si tú organizas algo colectivamente para incluir charlas de formación, no aparecen; charlas de cocina, no aparecen. Hemos tenido que dejar todos los talleres porque no viene nadie, y sin embargo, trabajando con una o con otra persona de forma individual los conceptos van entrando; pero es una tarea muy ardua”. En tanto, sostener económicamente este lugar parece un juego de ingeniería, ya que los ingresos –que no alcanzan– provienen de diferentes fuentes. Al respecto, Isabel nos ilustra: “Trabajan 21 profesionales en todas la especialidades y cada año hay nuevos servicios. Sobre cómo se mantiene… es un poco complicado, porque los pacientes –no todos pero la mayoría– pagan unos bonos: los profesionales cobran entre $ 14 y $ 30 por paciente. La Municipalidad aporta los sueldos de las hermanas, que es de lo que vivimos, un sueldo mínimo, y el resto, de subvenciones. Del Estado Nacional no tenemos ayuda. Mantenemos esto gracias a ONG españolas: hay gente que nos manda dinero desde España, por ejemplo para mantener el lugar, pagar luz, gas, y, como decía recién, para abonar a los profesionales el dinero sale de las consultas. Tenemos una ONG que nos paga los medicamentos, sobre todo los que damos a los niños, y algo para los adultos. Después, tenemos otro proyecto para ayuda dental para la gente más pobre que no puede arreglarse la dentadura, aunque ahora, gracias a Dios, contamos en el partido con el Hospital de Odontología de Villa Tesei. Por otra parte, la Municipalidad nos ayuda eliminando los impuestos municipales, cada año hacemos los trámites correspondientes y nos dan ese beneficio”.
Cuando le preguntamos si reciben medicamentos por parte de la Municipalidad de Hurlingham –que los produce en cantidad y calidad–, la respuesta nos sorprendió: “Actualmente no recibimos nada, sólo nos traen las vacunas de la campaña nacional. Hace diez años teníamos un convenio verbal por el cual nos entregaban toda la medicación, sobre todo para los niños, pero por malentendidos o no sé por qué hace ya por lo menos seis años que no nos dan nada, ni tampoco les hemos vuelto a reclamar. Al revés, en ocasiones, los del hospital de Hurlingham vienen aquí buscando algún medicamento”.
Más adelante, y ya sobre el final de la charla, le pedimos a Isabel que nos describiera, en líneas generales, cómo es el entorno, el barrio, cómo es la gente con la que casi conviven. Ella, pausadamente, fue relatando sus vivencias: “Es un poco difícil poner todo en una palabra; es un barrio grande, amplio, en general la gente es buena, aunque a veces le falta un poco de formación o responsabilidad. Muchas veces vienen acá con la idea de recibir, entonces, cuando les das, está todo bien, cuando les dices que no tienes, algunos se enojan, la cosa cambia, el vocabulario… te insultan por nada. Pero cuando no tienes no puedes dar. Están con la idea de que nosotros hemos venido acá para ayudarlos a ellos y es verdad, hemos venido porque libremente quisimos hacerlo, pero no podemos llenar todas las necesidades del barrio”. Y continuó: “Lo consideran como un sitio al cual recurrir para todas las necesidades, aquí vienen para todo, a veces esto parece una asistencia social que tiene que arreglar todos los problemas del barrio, desde materiales hasta espirituales y lo que te puedas imaginar… pero ofrecernos colaboración, eso no”.
Ya finalizada la entrevista hicimos un comentario negativo sobre la limpieza del barrio, y la Hermana Isabel expresó su pensamiento: “Otro tema que muestra la falta de trabajo en común en el barrio es la carencia de higiene; por una lado están las calles asfaltadas, luchamos para que coloquen el asfalto para que las calles estén más limpias, y mira cómo están… También hemos intentado poner una persona para que barra, pedirles que no tiren la basura, y mira lo que es esto: montones de basura. Lo que sucede es que saben que nosotros llamamos a la empresa de limpieza y ésta pasa y la recoge, pero nadie se molesta en poner la basura en una bolsa. Es un poco de dejadez; incluso acá nomás, muy cerca, hay colchones, camas, botellas, mesas, armarios, todo en la calle. Es cuestión de trabajar, empeñarse en decirles y recordarles”.